Don't talk, if you can read; don't read if you can write; don't write if you can think. HANNA ARENDT, Diario filosófico

domingo, 17 de abril de 2011

El discreto encanto de doña María Moliner

Con las entradas que dedicamos a Clara Campoamor y Lou Andreas Salomé, he ido madurando la idea de dedicar una etiqueta a mujeres con una o las dos propiedades siguientes: hicieron algo importante en algún momento y han sido medio olvidadas con el paso del tiempo. El objetivo es doble: ayudar a la recuperación del recuerdo de estas mujeres (y dejar ya la insana costumbre de ningunear a personas meritorias,en este caso por su sexo) y aportar una alternativa al pseudoprogresismo con pretensiones totalitaristas que nos invade y que se expresa en pretender la conquista de la igualdad a través de la intromisión política en el ámbito de la sociedad civil y también al uso sistemático de propaganda chusca sin apenas "miga intelectual" para adoctrinar y para evitar pensar al ciudadano. Aquí pensamos que la vía adecuada es que esa sociedad civil tome mayor conciencia del valor del trabajo de las mujeres (no sólo de aquellas como las que tratamos aquí, sino de esas mujeres anónimas que tanto hicieron para que los varones brillaran)y reconozca como se debe su mérito. Porque ese mérito es tan grande, que ellas solas con sus vidas se defienden, sin necesidad de que el político de turno se aproveche nuevamente de ellas.
    Hoy traigo al blog otra española a la que debemos mucho: María Moliner. Recientemente se ha publicado una biografía de esta mujer: El exilio interior. La vida de María Moliner y vuelve a sonar el nombre de esta abnegada señora que publicó por primera vez en 1966 el diccionario que lleva su nombre y que seguramente nos sonará a la mayoría. 

    El mérito de esta mujer fue nada menos que crear un diccionario que rivalizó con el de la Real Academia en lo que se refire a la cantidad de información que suministraba en cada vocablo. Como afirma Anna Caballé "el Diccionario de uso del español (1966-1967) no se  hizo al calor de grandes equipos lexicográficos: su autora no pisó las mullidas alfombras de la Real Academia Española, no se alimentó de conversaciones con los colegas y de palmaditas en la espalda". Fue la férrea voluntad de esta mujer madre de cuatro hijos y su inteligencia la que hicieron que lograra la hazaña de elaborar un dicionario que competía con el caro, multitudinario y poderoso producto de la Real Academia.
    Pero es también destacable su compromiso político y la fidelidad a su compromiso. Después de estudiar Filosofía y Letras opositó al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Con la llegada de la República se incorpora por convicción en la defensa de estos ideales, pero al final de la Guerra Civil pagará este compromiso con la incoación de un expediente por "colaboracionismo rojo" que le hizo perder muchos puestos en su escalafón de funcionaria.
    Dice de ella María Antonia Martín: "María Moliner representa, sin duda, todo un estilo de ser mujer en el siglo XX: pertenece al grupo de las pioneras universitarias que ejercen, además, una profesión. Refleja, igualmente, una manera profundamente moral de realizarse como persona: claramente inteligente, y, al mismo tiempo, vigorosamente responsable y generosa para con los demás (a los que, como divisa, hay que entregar la obra perfecta en la medida de las posibilidades de cada uno). Sencilla, espontánea en sus reacciones y elegante al no ser elegida académica en 1972, María Moliner recibió su jubilación tan discretamente como había vivido, gozando con los pequeños detalles cotidianos (sus macetas, por ejemplo) y presumiendo con orgullo de sus nietos."

     Por su amor al castellano, por su inteligencia y valentía, por su capacidad de trabajo y su generosidad es y será una inspiración para las mujeres y también, como no, para los varones, porque la excelencia no entiende de géneros.





Para saber más:

http://cvc.cervantes.es/actcult/mmoliner/

http://www.mariamoliner.com/

http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Moliner

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