Como hemos visto en clase al exponer la filosofía cartesiana, uno de los argumentos que utiliza Descartes para demostrar la existencia de Dios es el que hemos llamado “gnoseológico”, para diferenciarlo del ontológico de San Anselmo.
El argumento gnoseológico, a grandes rasgos, consiste en afirmar que puesto que en mi mente existen ideas como perfección e infinito, y estas no pueden haberse formado por la experiencia, entonces alguien las tiene que haber puesto ahí, alguien que es infinito y perfecto, claro, y este ser sólo puede ser Dios.
Adaptando el argumento a los tiempos modernos postdarwinianos, y por supuesto sin la intención de demostrar nada (y mucho menos un problema tan difícil como la existencia de Dios), sólo para que veamos algo aparentemente paradójico, podemos reformular el argumento diciendo:
Si la Evolución no tiene finalidad y los seres vivos son producto del mero azar, ¿por qué esa misma ley de la Evolución ha producido un ser para el que es perentorio encontrar un sentido? Y no hablo de sentido en el plano existencial o filósofico, sino meramente desde la salud psicológica: si una persona no encuentra un sentido a su vida, a sus actos y a sus sufrimientos, entonces entra en cierto deterioro psicológico, mayor o menor según los casos. El ser humano siempre sufre porque se sabe mortal, porque anticipa el futuro y porque necesita darle sentido a sus actos. Parece, por tanto, que dentro de nuestro “equipamiento evolutivo” se nos hubiera incluido la búsqueda permanente de sentido, algo que la propia Evolución no tiene y que sin embargo nos ha proporcionado.
Entonces cabe plantearse al menos dos posibilidades (buscad alguna más, si queréis): si Dios existe, él nos habría proporcionado esa “necesidad de sentido” y de algún modo sería como una “huella” del Creador en nosotros, o bien la Naturaleza nos ha conducido a la más cruel broma, al absurdo más grande que podemos concebir: crear desde el más absoluto sinsentido y desde el más puro azar un ser que necesita dotarse de sentido y que sufre enormemente por ello.
Ambas respuestas, desde el punto de vista exclusivamente racional, no dejan de ser inquietantes.
(Por favor, mirad bien si existe defecto en esta argumentación u otras alternativas y ponedlo en los comentarios).

